domingo, marzo 07, 2004
El que piensa... ¡pierde!
Luis Sepulveda
El Periódico


El que piensa... ¡pierde! Así se llamaba un imaginario aunque nada irreal show televisivo del grupo argentino Les Luthiers. Mac Luhan, el mismo sujeto genio de las comunicaciones para incomunicar que en la década de los años 70 dijo que "el medio es el mensaje", agregó también que la programación televisiva será siempre un reflejo fiel de la concepción de la cultura que tiene el poder, pues es justamente el poder, de manera directa o indirecta, el que paga y hace posible estar en el aire, en las pantallas, en las conciencias que, amodorradas en el sofá de una sociedad de bienestar, hacen zapeo para no pensar en los derechos y deberes inherentes a esa sociedad de la que disfrutan.

HACE POCO vi un programa de "encuentros deseados" cuyo tema central fue más o menos así: una presentadora rubia y decidida enemiga de la sintaxis anunció que cierto fulano llamado Cosme se moría de ganas por recuperar a sus hijos y a una hermana a los que no veía desde hacía una friolera de años.

Luego llamó a Cosme. Éste entró en pantalla saludado por una salva de aplausos proferidos por un grupo de sujetos que, apretujados en una suerte de gallinero, interrumpieron apenas el aviso de aplausos dejó de parpadear. Entrevistado por la rubia, declaró que un día dejó Barcelona, hijos, y hermana, pues los avatares de la vida lo llevaron a Extremadura en busca de un mañana mejor.

De la madre de sus hijos no dijo ni media palabra, pero, acicateado por la rubia, sugirió con hablar atropellado que había tenido "problemillas" con la cónyuge. Finalmente, y antes de ser despedido temporalmente por otra salva de aplausos, Cosme hizo hincapié en que quería recuperar a su hermana, y se alejó entre las convulsiones de un llanto reprimido.

Pasada la cuña publicitaria, la rubia volvió a luchar con la sintaxis para realizar una síntesis de vida, pasión y anhelados deseos de Cosme. A continuación, la sorpresa, Paquita, hermana de Cosme, entró en pantalla, recibida por una salva de aplausos que se prolongaron más de lo exigido por el guión y los parpadeos de la señal ad hoc. Aplausos justos para con la breve y ajustada minifalda, sus muslos mofletudos, el esplendoroso maquillaje, la blusa escotada y el peinado que le conferían ese ángel de putón verbenero que nos lleva desde la piedad a la risa, porque Paquita, lejos de verse bella, era más bien una parodia triste de Britney Spears.

Paquita, con similar odio a la sintaxis, a las preguntas de la presentadora en el sentido de si también soñaba con recuperar a Cosme respondió que no, que Cosme era un sádico, un sujeto que consideró a su mujer como a un balón pues la pateaba a diario, a sus hijos, como a sacos de arena para ejercitarse en el boxeo y a ella misma, como a una vagina andante ya que la había violado en repetidas ocasiones. Las palabras de Paquita, por una elemental cuestión de pudor, debían haber bastado para declarar imposibles los deseos de Cosme, pero como un programa de televisión de gran audiencia no puede detenerse en semejante minucia, lo llamó y --en esto consiste el poder de la televisión--, fue recibido con una nueva salva de aplausos. El que piensa... ¡pierde!

¿ES CIERTO, Cosme, lo que dice Paquita?", inquirió la rubia, y Cosme, con gallegas resonancias, fue quitando importancia a las acusaciones de violencia machista, estupro, incesto, abusos contra menores, fraude con falsificación en la venta de una herencia y amenazas continuas. Paquita estaba segura de lo que decía, a todas luces era estúpida, ingenua, pero sincera, detalle que molestó a la rubia e intentó llevarla por el camino del perdón televisivo, pues el objetivo estudiado y planificado del programa era dejar el rosario de felonías perpetradas por aquel miserable reducido a minucias, a detalles insignificantes que no estorbaran el abrazo de dos hermanos. "Vamos Paquita, no seas rencorosa", aconsejó la rubia.

Paquita empezó a cubrirse los muslos, a tapar el escote, hizo amago de retirarse, es decir, se hizo humana, digna, mas la señal de "buh" y otras reprobaciones ordenó al público extender el pulgar hacia abajo. El que piensa... ¡pierde!

El programa terminó mal, ante la consternación de la rubia y del puñado de cantamañanas que hacía de público. A mí me quedó una pregunta: Paquita, si aprendiste la lección, ¿a quién votarás la segunda semana de marzo?

* Luis Sepúlveda es Escritor
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